Maria Tereza Maldonado
Si, en un vuelo de la imaginación, visualizarmos los futuros seres humanos mirando al mundo en el que van a nacer, cómo sería esa visión? Por cierto, la de un mundo con grandes contrastes, desde la barbarie de formas extremadas de violencia hasta los momentos más iluminados de convivencia pacífica y solidaria. Verían a una parte de la humanidad oprimiendo a la otra, con abuso de poder, generando una enorme devastación ambiental por el exceso de consumo y por la ganancia, en un contexto de gran desigualdad social; por otro lado, verían también a otra parte de la humanidad desarrollando una consciencia colectiva de cuidar al ambiente y a las comunidades menos favorecidas, en el intento de restaurar la delicada tela de la vida que ha sido rota de muchas maneras, y que amenaza seriamente al planeta y sus habitantes.
Uno de los grandes desafíos del siglo XXI es seguir descubriendo caminos eficaces para ayudar a niños y jóvenes a crecer con la capacidad de construir la paz y la solidaridad en un mundo con tantos episodios de violencia contra ellos y, sin embargo, también entre ellos.
De que lado de la humanidad queremos estar? En que dirección vamos a caminar prioritariamente, con pequeñas y grandes acciones, dentro de nuestras áreas de actuación? Si estamos cuidando a niños de 0 a 3 años como padres, abuelos, o profesionales de salud y educación tenemos la oportunidad preciosa (y, evidentemente, una enorme responsabilidad) de participar activamente de ese tejido de una nueva persona que recién ha llegado al mundo en el que vivimos.
Con el desarrollo de la tecnología, es posible fotografiar y filmar la evolución del ser humano desde el momento de la concepción. Ya se sabe que el bebé no nace como una hoja en blanco: todo queda enregistrado en los arquivos celulares, base de la memória, de la percepción, de los sentimientos. En el vientre materno, el feto desarrolla habilidades increíbles: los movimientos no son aleatórios, sino graciosos y coordinados; escucha a la voz de la madre, y a los ruídos del interior de su cuerpo, aprende a reconocer las músicas que ella escucha o que suele cantar. En los últimos meses del embarazo, el feto también escucha a la voz del padre, cuando él habla cerca del vientre de la madre. Son tantas las investigaciones y los descubrimientos acerca de las capacidades prenatales que hay quienes consideran el útero como nuestra primera aula escolar.
Los conocimientos recientes de la neurociencia afectiva acerca de la influencia de los vínculos familiares en el desarrollo del cerebro, de la empatía y de las múltiples inteligencias en los primeros años de vida apuntan muy claramente hacia el poder de la expansión del amor y de la enorme importancia de plantar las semillas de la paz y de la solidaridad en los primordios de la vida. Es importante invertir cada vez más en ese “capital humano”, respetando la sabiduría de los niños y de los jóvenes, creando condiciones para que desarrollen habilidades y capacidades para construir buenos “pactos de convivencia”, una vez que, al nacer, el bebé está equipado para iniciar la gran aventura de la vida: descubrir a sí mismo, a la gente, y al mundo a su alrededor.
Con la expansión del amor, de la empatía, y de la creatividad, se construye, desde muy temprano, una relación de confianza que genera la fuerza para enfrentarse con los desafíos de la vida, abriendo caminos para ideas inovadoras que conduzcan a nuevas soluciones para las dificultades de siempre.
En los primeros años de vida, es esencial presentar a los niños a la belleza del mundo, para que logre apreciarla, valorarla, cultivarla afuera y adentro de sí mismo. No es posible seguir considerando a la violencia como entretenimiento o como espectáculo. En un mundo con tantos episódios violentos y tristes, antes de la polución del consumismo, de los shoppings, de los comerciales de la TV y de los videogames, hay que descubrir la magía de los árboles, del água, de los animalitos, de los paisajes naturales. Encantarse con la naturaleza es el fundamento de llamada alfabetización ecológica, que está basada en el desarrollo de la cooperación.
Las semillas del amor necesitan ser plantadas en la consciencia de los bebés y de los chicos en las mínimas escenas de lo cotidiano: en ellas se encuentran los grandes temas de la vida. Es así como aprendemos a poner en práctica los valores fundamentales de la convivencia: gentileza, respecto, consideración, cooperación y solidaridad. Por ejemplo, con el desarrollo de la locomoción, es posible cultivar las primeras semillas de la cooperación. De ese modo, se va a dar la expansión del amor. Podemos considerar que uno de los grandes desafíos de ese siglo es el cambio de valores y la recuperación del respecto por la vida. Percibir la grandeza de los pequeños momentos podrá resultar en la construcción de una nueva consciencia global, a partir de una infinidad de acciones concretas.
Los seres humanos nacen con un impulso amoroso y un impulso agresivo. El desarrollo de la empatía es esencial para controlar la impulsividad y canalizar la agresividad para fines constructivos. Ser amorosamente firmes con el niño es la mejor manera de ayudarle a contener el impulso de hacer lo que no puede sin crear un clima de guerra. Además de la protección contra peligros, el valor de los límites es socializar al niño. Las principales etapas del desarrollo en los tres primeros años de vida son oportunidades de estimular la expansión de las semillas del amor por sí mismo, por los otros, y por el ambiente: el arco-íris de la comunicación, la lactancia materna y la introducción de los primeros alimentos, los juguetes, los primordios del desarrollo de la sexualidad, el entrenamiento de los esfíncteres, la formación de los hábitos de higiene. El trabajo conjunto entre la família y la guardería es esencial para estimular el desarrollo armónico del niño en sus redes de convivencia.
Amor, cariño y respecto son los ingredientes indispensables para la crianza de niños pacíficos y solidarios, para enfrentarse con el desafío de encontrar los medios de globalizar la comprensión y la ternura con la misma eficácia dedicada a la globalización de la violencia.
* Ese texto es una síntesis del libro “As sementes do amor: educar crianças de 0 a 3 anos para a paz” (ed. Planeta, Brasil).